“Manos de obreros” – Gabriela Mistral
Reseña de Gonzalo Morales Lagos. Licenciado en Literatura y profesor de la Universidad de Chile
En la obra poética de Gabriela Mistral podemos encontrar una alabanza a aquello poco visible, pero esencial y definitorio, en este caso, para la cultura chilena. En ese sentido “Manos de obreros”, Gabriela Mistral construye un sentido homenaje a quienes sostienen el mundo mediante el trabajo de sus manos. Mistral dirige su mirada poética hacia las manos de hombres y mujeres que moldean la tierra, extraen minerales, levantan construcciones, tejen telas y navegan los mares, convirtiéndolas en el símbolo de la dignidad, el sacrificio y la creación. Son manos formadas en el esfuerzo, marcadas por el tiempo y la faena, pero descritas como “tremendamente hermosas”, donde lo rudimentario y lo bello conviven en armonía que manifiesta la admiración de la autora por la belleza que nace del trabajo honesto.
A lo largo del poema, la poeta recurre a un lenguaje de gran fuerza sensorial, enlazando imágenes de la naturaleza con herramientas propias del mundo laboral. Asimismo, pareciese hacer un recorrido por Chile, señalando tareas propias de distintas regiones de nuestra geografía. Las manos se asemejan al humus, a los moluscos, a la salamandra, a los picos y a los combos, estableciendo un vínculo inseparable entre el ser humano y la materia que transforma. En ese mismo sentido las manos aparecen “miradas ni vistas de nadie”, denunciando la invisibilidad de los trabajadores cuya labor permite el bienestar colectivo. Sin embargo, la voz poética les concede el protagonismo que la sociedad les niega, elevándolas a una categoría casi sagrada. En las estrofas finales, la presencia de referencias bíblicas y del zodíaco confiere a estas manos una dimensión universal y trascendente: son bendecidas por la creación y acogidas por Jesucristo, quien las alivia y provee el merecido descanso.
El poema “Manos de obreros” es una celebración de la dignidad humana expresada a través del trabajo. Gabriela Mistral transforma las huellas del esfuerzo en una expresión de belleza, justicia y solidaridad. Para cada esfuerzo humano que extrae la materia de la tierra, el alimento o el abrigo existen manos trabajadoras y desconocidas que hacen posible la vida y que merecen ser reconocidas con gratitud y respeto.
MANOS DE OBREROS
Duras manos parecidas
a moluscos o alimañas;
color de humus o sollamadas
con un sollamo de salamandra,
y tremendamente hermosas
se alcen frescas o caigan cansadas.
Amasa que amasa los barros,
tumba y tumba la piedra ácida
revueltas con nudos de cáñamo
o en algodones avergonzadas,
miradas ni vistas de nadie
sólo de la Tierra mágica.
Parecidas a sus combos
o a sus picos, nunca a su alma;
a veces en ruedas locas,
como el lagarto rebanadas,
y después, Árbol-Adámico
viudo de sus ramas altas.
Las oigo correr telares;
en hornos las miro abrasadas.
El yunque las deja entreabiertas
y el chorro de trigo apuñadas.
Las he visto en bocaminas
y en canteras azuladas.
Remaron por mí en los barcos,
mordiendo las olas malas,
y mi huesa la harán justa
aunque no vieron mi espalda…
A cada verano tejen
linos frescos como el agua.
Después encardan y peinan
el algodón y la lana,
y en las ropas de los niños
y de los héroes, cantan.
Todas duermen de materias
y señales garabateadas.
Padre Zodíaco las toca
con el Toro y la Balanza.
¡Y como, dormidas, siguen
cavando o moliendo caña,
Jesucristo las toma y retiene
entre las suyas hasta el Alba!
Fuente: Gabriela Mistral, Lagar (1954), “Manos de obreros”. Texto disponible en el Archivo Digital Gabriela Mistral de la Universidad de Chile: gabrielamistral.uchile.cl



