En esta tercera entrega de “Más allá de la faena”, reseñas culturales, me parece pertinente presentar a un dúo muy importante y subvalorado: Quelentaro (Eduardo y Gastón Guzmán). Su música es una expresión de la raíz folclórica chilena que recoge el canto campesino de fuerte tradición popular, con la particularidad de no haber sido contaminado por los medios de comunicación. No existen, por ejemplo, registros de sus presentaciones en televisión y, a pesar de ello, lograron establecer un profundo vínculo con el pueblo chileno. Como todo canto popular, aparentemente simple, conjuga una fuerte expresión poética por sobre el virtuosismo en la ejecución instrumental.
Su lenguaje es directo y cercano al habla campesina y del trabajador popular. Las letras utilizan metáforas sencillas, pero potentes, con una marcada carga emocional y moral. A esto se suma un carácter testimonial y de protesta: muchas de sus canciones funcionan como denuncia política y social, expresando solidaridad popular y la búsqueda de dignidad para el pueblo y los trabajadores.
Dentro de los temas de Quelentaro y, en concordancia con las reseñas anteriores, me referiré a “Oración del minero”, incluida en Coplas al viento de 1967.
Esta obra adopta la estructura de una oración religiosa, específicamente el “Padre Nuestro”, y la vincula con la realidad de un minero que ve lejano el paraíso prometido por la religión. El único paraíso al que puede aspirar es la mina: una mina sin muertes ni dolor, que, paradójicamente, también puede convertirse en su tumba. En esta “oración”, el hablante siente que su identidad está profundamente ligada a sus herramientas de trabajo; por eso desea permanecer junto a ellas ante la muerte que lo acecha permanentemente.
El tono de la obra es triste, angustioso y pesimista, aunque revela cierta esperanza, propia de una oración religiosa, en que las condiciones de vida del minero puedan cambiar hacia un futuro más digno y justo. El texto puede entenderse, finalmente, como una solicitud de reconocimiento y respeto por la labor del minero.
Mi sudor saló la tierra, fui minero
La fuerza quedó en mi pecho, muy adentro
Clavo mis ojos en vano
En la cruz de tus maderos, padre santo
Yo sé que el suelo me espera y tú lo sabes
No moriré bajo almendros, mi consuelo
Moriré en los socavones
Linda tumba pa’ un minero, padre nuestro
En mis manos siento frío
Se me resbala la pala
El grito que las movía
Se me quebró en la garganta trasnochada
Cuando me muera, si muero, es mi deseo
No quiero llegar al cielo, que es tu reino
Que me entierren bien profundo
Con mi choquero y mis fierros, padre nuestro
Verdad, mi dios, que allá tienen, me contaron
Un túnel donde no hay muertes, será cierto
Y que un tiro mal tronado
No se lleva ni un minero, será cierto
Quiero que escuches mi grito
Quiero que traspase el cielo
Es la oración de un minero
Padre que estás en los cielos, que es tu reino



