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MÁS ALLÁ DE LA FAENA – RESEÑAS CULTURALES. “Carbón”, de Gonzalo Rojas

Más allá de la Faena (Reseñas culturales) 

Gonzalo Morales Lagos.

En esta ocasión quisiera reseñar un poema que, en lo personal, cada vez que leo me conmueve profundamente: “Carbón”, de Gonzalo Rojas.

Gonzalo Rojas vivió su primera infancia en Lebu, pueblo ligado históricamente a la minería del carbón, donde su padre trabajaba como minero. Esta experiencia familiar y el paisaje de la zona se transforman en elementos fundamentales de su poesía y, particularmente, de este poema.

El río, la lluvia, la noche, el barro, el caballo y la mina construyen un paisaje que no es solamente geográfico: representan también el mundo de la infancia y la memoria familiar del poeta. En medio de este escenario aparece la figura del minero, marcada por las difíciles condiciones de trabajo, la explotación y la pobreza. El padre es presentado como un hombre que regresa de la mina cargando no solo el cansancio físico, sino también la rabia y el dolor de quien ha vivido una existencia dura.

En este sentido, el poema parece intentar recobrar al padre que ya no está. Sin embargo, evocarlo también significa recordar sus sufrimientos, sus sacrificios y las circunstancias que marcaron su vida. El motivo lírico del niño que espera el regreso de su padre desde un trabajo duro y peligroso es, desde mi mirada, uno de los elementos que hacen que el poema resulte tan conmovedor. De alguna manera, todos hemos esperado alguna vez a alguien querido; todos conocemos, en mayor o menor medida, la inquietud de esperar a quien amamos y la alegría de volver a encontrarlo.

Hacia el final del poema se produce una especie de reencuentro entre el hablante y su padre. Allí parecen encontrarse el recuerdo, el dolor, la comprensión y el amor. Ya no se trata solamente de recordar al viejo minero, sino de mirarlo desde la distancia, comprender su historia y reconciliarse con ella.

Quizás por eso Carbón trasciende la historia personal de Gonzalo Rojas. Es un poema sobre un padre, pero también sobre la infancia, la memoria, el trabajo, el sacrificio y esos afectos que permanecen incluso cuando las personas que amamos ya no están.

Los invito a leer “Carbón” con calma, a dejarse llevar por sus imágenes y por la voz de ese niño que espera. Tal vez, entre la lluvia y  el barro cada  lector pueda encontrar también el recuerdo de alguien a quien alguna vez esperó con el corazón lleno de esperanza y  alegría.

Carbón

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces
cundo el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,                      
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la exploración, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.
             
Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.

                     -Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia.

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